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El disputado voto para ser alcalde. Contra las votaciones secretas de los concejales (Guillermo Lago Núñez)

El disputado voto para ser alcalde. Contra las votaciones secretas de los concejales

Guillermo Lago Núñez

Secretario de Administración Local con habilitación de carácter estatal

El próximo 13 de junio 2015 se constituirán en sesión especial la mayoría de las Corporaciones locales elegidas el 24 de mayo pasado. En esa misma sesión se procederá a la elección del alcalde. Ese día se verán imágenes de la constitución y elección de alcalde en diferentes ayuntamientos españoles, en unos casos la elección se efectuará mediante votación a mano alzada (ordinaria), en otras mediante llamamiento por orden alfabético de apellidos a los concejales (nominal) y por último en otras, se realizarán por papeleta que cada miembro de la Corporación irá depositando en una urna o bolsa (secreta). Esta ultima votación, con la parafernalia propia electoral, resulta la más expresiva del carácter indirecto de la votación del alcalde, que en efecto es elegido por los concejales y no por los vecinos (aunque la Constitución también contemple esta opción en su art. 140) y nos invita a reflexionar sobre cuál es la forma en la que legalmente se debe efectuar la votación del alcalde por los concejales.

En efecto, conforme al art. 19 de la LrBRL aunque los concejales son elegidos mediante sufragio universal, igual, libre, directo y secreto, el alcalde en el régimen común es elegido por los concejales, todo ello en los términos que establezca la legislación electoral general. En concreto, con respecto al alcalde, el procedimiento viene establecido en el art. 196 del LOREG, muy similar a lo previsto en la Ley de elecciones locales de 1978 (salvo en caso de empate que entonces se preveía a favor del candidato de más edad y ahora se realiza por sorteo) siendo para los municipios de más de 250 habitantes conforme a las siguientes reglas:

a) Pueden ser candidatos todos los concejales que encabecen sus correspondientes listas.
b) Si alguno de ellos obtiene la mayoría absoluta de los votos de los concejales es proclamado electo.
c) Si ninguno de ellos obtiene dicha mayoría es proclamado Alcalde el Concejal que encabece la lista que haya obtenido mayor número de votos populares en el correspondiente municipio. En caso de empate se resolverá por sorteo.

Se trata pues de una elección entre los cabeza de las listas que hayan obtenido concejalías y si ninguno de ellos obtiene la mayoría absoluta corresponderá automáticamente al cabeza de la lista que haya obtenido más votos en las elecciones. La LOREG no establece cuál es el procedimiento de votación por lo que se deben seguir las reglas de funcionamiento del pleno de la LrBRL, que indican que la adopción de acuerdos se produce siempre mediante votación ordinaria, salvo que el propio pleno acuerde, para un caso concreto, la votación nominal [46.2 d) LrBRL]. Son nominales, sin la necesidad de adopción de acuerdo previo, la votación de la Moción de censura y el planteamiento de la cuestión de confianza [ya que así se expresa en los arts. 22.3, 123 1 b) LrBRL]. La lógica hubiera sido extender esta modalidad de votación nominal a la elección de alcalde.

¿Por qué entonces se realiza en algunas Corporaciones la votación con papeletas y urna, de forma secreta? Salvo que esté explícitamente acordado en el Reglamento orgánico de la Corporación, con las salvedades que este precepto praeter legem pudiera tener, no resulta legal -ni a mi juicio ético- efectuar la votación secreta. De hecho la LrBRL se refiere únicamente a la votación secreta en un precepto, el art. 70.1, que la autoriza como excepción al carácter público de las sesiones del Pleno para el debate de aquellos asuntos que puedan afectar al derecho fundamental de los ciudadanos a que se refiere el artículo 18.1 de la Constitución, y cuando así se acuerde por mayoría absoluta. Se trata de un supuesto excepcional previsto para casos muy concretos (el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen) entre los que no se alcanza a determinar cuál puede ser el de elegir el alcalde del ayuntamiento.

Algunos secretarios de administración local entienden que se puede realizar esta votación secreta al amparo del art. 102.3 del ROF que limita su utilización para la elección o destitución de personas (y es lógico ya que pudiera afectar al derecho fundamental de los ciudadanos) aunque este artículo no se refiera específicamente a estas materias. Una excepción no puede hacerse extensiva ni aplicarse de forma automática, requeriría un acuerdo previo y motivado del propio pleno, como también lo requiere el cambiar el sistema de votación de ordinario a nominal, y, en los términos en los que se expresa el art. 70.1 LrBRL, en cuanto supone una excepción al carácter público de los debates y votaciones, requeriría mayoría absoluta.

Por todo ello se debe erradicar la, en apariencia inocua, costumbre de someter a votación secreta, automáticamente, la elección del alcalde, elección que depende en muchos casos de un solo voto, al no estar prevista ni en la LOREG ni en la LrBRL, realizándose esta elección, quizás la más relevante y trascendente del ayuntamiento, por votación ordinaria (normalmente de los candidatos de lista menor a mayor) o, si así se acuerda previamente en la sesión, por votación nominal. Lo decimos con la misma convicción con la que se inicia el preámbulo de la Ley 19/2014, de 9 de diciembre de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno: “Sólo cuando la acción de los responsables públicos se somete a escrutinio, cuando los ciudadanos pueden conocer cómo se toman las decisiones que les afectan, cómo se manejan los fondos públicos o bajo qué criterios actúan nuestras instituciones podremos hablar del inicio de un proceso en el que los poderes públicos comienzan a responder a una sociedad que es crítica, exigente y que demanda participación de los poderes públicos”.

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