Observatorio de Elecciones Municipales 2015

Elecciones municipales: las dimensiones de voto del pasado (José Ramón Montero)

Elecciones municipales: las dimensiones de voto del pasado

José Ramón Montero
Catedrático de Ciencia Política
Universidad Autónoma de Madrid

Logo Elecciones Locales 2015Antes del cambio de ciclo que se avecina el domingo 24 de junio, conviene echar la vista atrás para despedirse de las pautas electorales que muy probablemente van a modificarse. Esas pautas están encuadradas en las denominadas dimensiones del voto, es decir, en las principales características de los resultados de las elecciones municipales desde 1979. Nos fijaremos especialmente en las de 2011. Y recordaremos muy brevemente cuatro dimensiones básicas: los niveles de representación de los partidos, la fragmentación partidista, la volatilidad electoral y las transferencias de votos. Los datos agregados proceden del Ministerio del Interior, y los individuales de las encuestas depositadas en el Banco de Datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

Ganadores y perdedores
En mayo de 2011 se celebraron las novenas elecciones municipales desde la transición democrática. Lo hicieron en 8.116 municipios. Para aquellos con más de 250 habitantes, el sistema electoral utiliza la fórmula D’Hondt en cada municipio, listas cerradas y bloqueadas y una barrera electoral del 5% para optar al reparto de concejales.

Los resultados, recogidos en el gráfico 1, se han venido ajustando a dos pautas interesantes. La primera es que solo en cuatro convocatorias se ha producido la derrota del partido con mayoría en el Congreso de los Diputados: estar en el Gobierno central, por lo tanto, importa mucho, al menos hasta el momento. Y cuando perdieron, como el PP en 2003 y el PSOE en 2011, fueron desplazados en las siguientes elecciones generales por el partido que poco antes había ganado en las municipales. La segunda pauta consistió en que los dos principales partidos han solido empeorar en las elecciones municipales sus niveles de voto con respecto a las anteriores generales. A la inversa, y de nuevo hasta el momento, Izquierda Unida ha logrado sus mejores resultados en este tipo de convocatorias.

En los comicios de 2011, tanto el PP como el PSOE presentaron listas en cerca de 5.500 municipios. El PP se hizo con el 48% de las alcaldías, y el 80% de ellas con mayoría absoluta; el PSOE, con una tercera parte, de la cual tres de cada cuatro alcaldes disfrutaron de mayoría absoluta. En cambio, IU solo consiguió la alcaldía en un 7% de los municipios, y en la mitad de los casos con mayoría absoluta. CiU gobernó en algo más de la mitad de los municipios catalanes, el PNV en algo menos en el País Vasco y Coalición Canaria en alrededor de una tercera parte de los de Canarias. En estas tres comunidades, los partidos nacionalistas disfrutaron de un 70% de mayorías absolutas. Parece sumamente probable que estas holgadas proporciones desaparezcan a partir del próximo domingo.

Gráfico 1. Resultados de las elecciones generales (G) y municipales (M) en España, 1977-2011

 

Gráfico Montero

Fuente: Ministerio del Interior (www.infoelectoral.mir.es).

 

El número de partidos
Cuántos partidos compiten y cuántos ocupan concejalías son los datos más relevantes de los subsistemas de partidos en el nivel municipal. La fragmentación resultante suele medirse a través de un índice que tiene en cuenta el número de partidos con representación, ponderado por el tamaño, en número de concejales, de cada uno de ellos. En términos generales, y contra lo que suele afirmarse, el número de partidos por comunidades autónomas es menor en las elecciones municipales que en las generales, y ha ido decreciendo a lo largo del tiempo. El País Vasco, Navarra, Cataluña y Canarias son las comunidades con los mayores índices de fragmentación, en buena parte como consecuencia de la divisoria regional que lleva a identidades contrapuestas por parte de sus ciudadanos; y las que menos son las dos Castillas, Extremadura y Murcia, cuyos subsistemas de partidos integran a dos grandes, PP y PSOE y, en el mejor de los casos, a un tercero de mucho menor tamaño, IU. Como es obvio, esta dimensión sobresaldrá en los más que previsibles cambios de las elecciones de 2015: reducirá los tamaños de los grandes partidos, modificará el peso de IU y UPyD, y supondrá la llegada de nuevos partidos a Ayuntamientos más fragmentados.

La volatilidad electoral
En el campo electoral, la volatilidad es entendida como el cambio neto de voto a los partidos entre dos elecciones sucesivas. Si es excesiva, ha sido considerada tradicionalmente como una fuente potencial de inestabilidad por dificultar la aprobación de las políticas públicas; pero si es demasiado reducida, puede estar denotando un estancamiento de la situación de los partidos en la que no cabe ni el premio a los buenos gobiernos ni el castigo a los malos. Los índices de volatilidad se mueven entre el 0% como mínimo (nadie cambia su voto) y el 100% (todos los electores lo hacen). Su nivel medio para las nueve elecciones municipales celebradas oscila entre el 14% en 2003 y el 24% en 2007; en 2011 fue del 19%. Son niveles elevados si los comparamos con los del Congreso de los Diputados, que fue del 8,8% como media. La mayor inestabilidad suele producirse en Canarias y Navarra, que están también entre las más fragmentadas. En 2011, los más estables han sido los Ayuntamientos dominados por el PP, como los existentes en las comunidades de Cantabria, Madrid, Comunidad Valenciana, La Rioja y Murcia. Es ciertamente probable que las elecciones de 2015 alcancen niveles extremos de volatilidad.

Las transferencias de voto
Las encuestas poselectorales nos permiten conocer las fortunas electorales de los partidos al medir entre dos consultas qué capacidad tienen de atraer a los de otros competidores o en qué medida pierden votantes hacia otros partidos. Los datos existentes sobre las transferencias entre las elecciones generales y las municipales, así como entre dos elecciones locales sucesivas, indican que el PP y los partidos nacionalistas consiguieron retener en mayor medida a sus votantes, mientras que el PSOE e IU sufrió fugas de los suyos hacia la abstención o hacia partidos rivales. Por ejemplo, solo un 57% de los votantes socialistas en las generales de 2008 volvió a votarle en las municipales de 2011, mientras que en el caso del PP y de los partidos nacionalistas la proporción se acercó al 80%. Y mientras que un 70% de quienes habían votado al PSOE en las municipales de 2008 volvió a hacerlo en las de 2011, el PP y los nacionalistas lograron mantener la fidelidad del 90% de su electorado.

Ni elecciones administrativas, ni elecciones primarias
Las dimensiones del voto cristalizadas en tres décadas largas de elecciones municipales encierran una complejidad que desafía las simplificaciones de quienes las tratan como un mero reflejo de lo que sucede en la arena nacional o de quienes las consideran sólo como unas primarias de las próximas generales. Contra ambas deformaciones, las elecciones locales españolas constituyen un objeto de estudio que permite seguir discutiendo problemas mal resueltos en el campo de la representación democrática y cuyo análisis empírico facilita una mejor compresión de los ajustes entre ciudadanos y partidos en los Ayuntamientos, el primer nivel del sistema político español. La consideración del nivel local como un ámbito político secundario, con competencias más administrativas que políticas y con recursos mucho más limitados que el Gobierno central o las comunidades autónomas, ha relegado el interés por las elecciones locales a lugares muy inferiores a los de su genuina relevancia. Tras las inmediatas elecciones locales de mayo de 2015, es probable que la competencia política resulte mucho más compleja como consecuencia de las distintas situaciones de gobiernos, partidos, coaliciones y conflictos que surjan en los niveles locales, regionales y nacionales, todos ellos interdependientes. Y es también posible que la aparición de una mayor dependencia mutua en ese sistema político multinivel refuerce la importancia presupuestaria de las Administraciones locales, contribuya a su repolitización y e incremente el localismo de los Gobiernos municipales.

Nota: esta entrada resume los muchos datos y argumentos recogidos en el capítulo del autor, junto con Pedro Riera, Raúl Gómez, Pablo Barberá y Juan Antonio Mayoral, “Elecciones municipales en España (1979-2011): las dimensiones del voto”, en Manuel Arenilla, ed., La elección directa del alcalde. Reflexiones, efectos y alternativas (Madrid: Fundación Democracia y Gobierno Local, 2015), pp. 105-139.

 

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