Observatorio de Elecciones Municipales 2015

Mujeres y poder local (Juana Ruiloba)

Mujeres y poder local

Juana Ruiloba
Universidad Católica de Murcia
jruiloba@ucam.edu

Logo Elecciones Locales 2015Está de más decir que contemplar el espacio municipal es observar un universo político heterogéneo, la conocida como galaxia local, donde concurren sinergias paralelas pero también dinámicas propias distintas a las de los otros niveles de gobierno.

Focalizar nuestra atención en él es vislumbrar descontento, escándalos inmobiliarios, corrupción, descrédito de la política y de los políticos, volatilidad electoral pero es, del mismo modo, encontrarnos con espacios cercanos al ciudadano en los que probar nuevas dinámicas de implicación en los asuntos públicos locales, quizás más participativos, en una atractiva concurrencia electoral, novedosa, más abierta, con otros actores políticos en la que ensayar nuevas reglas de juego (aún por definir). Los Ayuntamientos son también, en lo que nos ocupa, instituciones en el que las mujeres han tenido una presencia desigual. El poder municipal se caracteriza por ser menos permeable para las mujeres que otros niveles de gobierno. Los datos lo corroboran, en 2015, según el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, sólo el 35,2% de los Concejales y el 17,4% de los Alcaldes son mujeres, con las peores cifras de entre todos los ámbitos territoriales. Este desajuste en la representación de las mujeres en el gobierno local es, además, un issue que permanece fuera del debate electoral.

Sería imprudente no reconocer la mejora -pues es indudable que desde la Transición el número de mujeres en política local se ha incrementado a un ritmo moderado-. A partir de los datos del Registro de Representantes Electos, podemos constatar el avance. En 1979 fueron elegidas 100 Alcaldesas, en 2014 son ya 1.413 (del 1,5% al 17,4% del total de Alcaldías en este período). A la par, si nos fijamos en la presencia femenina en las Concejalías, los porcentajes son más altos, han pasado de 3,2% en la elecciones de 1979 a rondar el 35,2%, como decíamos. Siendo aquí visible –y no para las Alcaldías- la incidencia de la Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, y de la modificación de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General, como favorecedora de la participación política equilibrada entre los géneros. Yendo un poco más al detalle, por Comunidades Autónomas, Madrid y País Vasco son, en este momento, las que cuentan con más Alcaldesas, mientras que Galicia y Cantabria son las que menos (muy por debajo de la media, rozando el nueve por ciento del total de Alcaldes). Si nos referimos a las Concejalías, Andalucía (42,4%) y Baleares (42%), por un lado, y Castilla León (26,9%) y Aragón (27,1%), por otro, son los extremos del ranking de más y menos presencia femenina. En general, la mayoría de las Alcaldesas desempeñan su cargo en municipios pequeños (el 86% del total se concentraban en los de menos de 5.000 habitantes en 1979, el 82% en 2011) siendo pocas las que gobiernan en municipios grandes, aunque las que lo hacen suelen ser figuras de renombre en sus partidos y en la política autonómica y/o nacional -un análisis especial requieren estos casos de liderazgo femenino municipal-, igual que las ligeras diferencias en porcentajes al alza respecto de la media de presencia femenina en partidos como BILDU-EA, ERC, IU y PSOE (en este orden).

Pero, por qué son peores las cifras, cuáles son las causas que revelan esta mayor subrepresentación femenina en los gobiernos locales, qué explica tal distribución territorial o concentración de probabilidades de éxito electoral de las mujeres en los municipios pequeños. Lo cierto es que las explicaciones a este fenómeno no han sido concluyentes. Es un hecho y desde la literatura así se certifica. Como justificación se entremezclan explicaciones que conjeturan qué tiene de especial lo municipal sin llegar a conclusiones contrastadas empíricamente. Los argumentos empleados repiten la retórica sobre la relevancia de factores como el mantenimiento de la cultura patriarcal, la prevalencia de la división de trabajo y las viejas distinciones entre esferas, la segregación femenina horizontal y vertical en el acceso a los espacios de poder (y del mismo modo, en el desempeño una vez electas), los problemas de conciliación de la triple jornada (hogar, trabajo, dedicación política), la falta de cultura femenina en las organizaciones municipales, las barreras invisibles como los techos, los muros de cristal, el suelo pegajoso y el peso preponderante de los partidos políticos como organizaciones poco amables para la consolidación de carreras políticas femeninas de primera línea en los municipios. Precisamente, el papel de los partidos –con estructuras nacionales y/o autonómicas con intereses extramunicipales que pueden tener incidencia en la selección de los candidatos- se ha convertido en el argumento más recurrente pese a la extensión de las cuotas internas (implícitas o explícitamente incluidas estatutariamente o en declaraciones de principios). Además, las especificidades del sistema político local y el constreñimiento impuesto por la legislación electoral en cuanto al procedimiento de elección del Alcalde, coadyuvan determinantemente a que la presencia de mujeres se vea minimizada. Solamente aquellas que consiguen tener el suficiente peso dentro de su partido / agrupación, como para imponerse como cabeza de lista electoral, lograrán tener posibilidades de alcanzar las Alcaldías, -primer filtro al que hacer frente previo a la batalla electoral municipal propiamente dicha-. Una vez en el cargo, poco se sabe sobre cómo se enfrentan a él. Por hacer un esbozo, estudios previos sobre las Alcaldesas españolas de municipios de más de 10.000 habitantes de la legislatura 2003-2007, indican que, como sus homólogos varones, centran su agenda en la gestión de temas económicos y relacionados con el bienestar de los ciudadanos del municipio pero en el día a día, se ocupan más extensivamente de establecer lazos fluidos de comunicación dentro y fuera del Ayuntamiento y por comunicarse con interlocutores de toda índole. ¿Enarbolan un estilo de liderazgo diferente?. La falta de estudios longitudinales y para el total del universo deja muchas incógnitas abiertas.

Lo cierto es que los estudios sobre políticos locales en general y sobre mujeres en particular son escasísimos. El reducido número de casos ha supuesto, hasta tiempos recientes, un constreñimiento para investigarlas. No obstante, los debates siguen vivos y se amplían hacia el análisis efectivo de la representación política, no sólo desde lo descriptivo, sino desde lo simbólico y sustantivo y más allá de las tradicionales teorías de la masa crítica. El interés transita ahora del número (subrepresentación) al estudio de cómo las mujeres en el poder (en este caso en el plano municipal) se desarrollan en el ejercicio de sus funciones en cuanto a los asuntos objeto de su interés -plasmados en políticas públicas- y al estilo en su labor representativa.

La campaña, las candidaturas, los resultados electorales de las próximas elecciones van a aportar datos interesantes sobre el mantenimiento o flexibilización de las barreras de género en el nivel local y sobre la implicación de los “nuevos” y “viejos” partidos en favorecer la presencia equilibrada de mujeres e incluir voces femeninas con opciones en la contienda electoral.

Permaneceremos atentos.

 

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