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¿Qué ayuntamientos desarrollan mejores políticas de cambio climático?

Fotografía de la ciudad de MadridVolvemos a interesarnos en este blog por la respuesta municipal al fenómeno del cambio climático; muestra quizás de que se está conformando como uno de los grandes problemas colectivos que afrontamos en la actualidad. Por si no estábamos del todo convencidos, las olas de calor del verano o los trágicos efectos de la gota fría de septiembre han dado otra vuelta de tuerca en la concienciación ciudadana. La reciente publicación del Real Instituto Elcano “Los Españoles ante el cambio climático” informa de que lo percibimos como la mayor amenaza a la que se enfrenta el mundo, muy por encima de los conflictos armados, las crisis económicas o el terrorismo internacional.

En nuestro informe sobre “Políticas Públicas Municipales de Cambio Climático en los Ayuntamientos de la Comunidad de Madrid” publicado el pasado mayo defendíamos que los gobiernos locales juegan un papel clave en la  acción para el clima a través del ejercicio de sus competencias en urbanismo, movilidad, gestión de residuos y energía; y estudiábamos las acciones municipales concretas que se estaban implementando en estos sectores. Tomábamos como muestra los municipios más poblados de la Comunidad de Madrid, de los que obteníamos información a través de documentos, estadísticas, cuestionarios y entrevistas a responsables municipales.

Observábamos que estamos ante una política poco institucionalizada (solo la mitad de los 21 municipios analizados declaran tener una estrategia municipal específica para el cambio climático), aunque todos ponen en marcha en mayor o menor medida actuaciones con efectos sobre el clima. Y veíamos que en la mayoría de los casos se priorizan las acciones de mitigación (reducir emisiones) a las de adaptación (prevenir las consecuencias de los nuevos fenómenos climáticos). Y, analizadas por sector, comprobábamos que son más abundantes las acciones relativas a la recogida y tratamiento de residuos y a la eficiencia energética que las iniciativas en movilidad; quedando el urbanismo como ámbito desligado casi por completo de estos temas y asignatura pendiente de las agendas municipales.

Hemos querido ir un poco más allá en el análisis de los datos con el objetivo de identificar factores contextuales que pueden estar influyendo en la calidad de estas actuaciones locales. Para ello hemos generado un “Índice de Política Filo-climática” gracias al cual hemos podido ordenar a los municipios estudiados de mejor a peor política climática, según su alcance, transversalidad y pluralidad de acciones. Y, por otra parte, hemos planteado cuatro hipótesis sobre la potencial incidencia de factores políticos, económicos y de planta municipal en el ranking de municipios generado.

En primer lugar, planteamos la hipótesis de que cuanto mayor sea el tamaño del municipio, mejor y más ambiciosa será la política local de cambio climático. La población siempre ha sido una variable relevante en los estudios sobre gobierno local. La mayor capacidad financiera y administrativa a medida que crece el tamaño poblacional resultaría en mejores estrategias para hacer frente a los problemas complejos. En ellos será más probable también encontrar departamentos especializados y personal técnico cualificado para identificar y seguir los problemas, proponer y diseñar políticas que se adapten al territorio, implementarlas eficazmente y evaluarlas.

También esperamos que los municipios gobernados por partidos de izquierda serán más proclives a reforzar sus políticas climáticas. La ideología política ha estado tradicionalmente relacionada con una mayor o menor voluntad de actuar en el ámbito del cambio climático. Innumerables estudios han encontrado que los ciudadanos más progresistas y sus representantes tienden a expresar una mayor preocupación personal por el calentamiento global, mientras que el negacionismo se encuentra más vinculado a posturas conservadoras. Además, acciones típicas de este campo entran en conflicto con valores prioritarios conservadores (defensa de los derechos de propiedad privada, reducción de la intervención gubernamental en los mercados, reducción de los impuestos, etc.)

En tercer lugar, hipotetizamos que cuanto más alto sea el nivel de ingresos de los residentes del municipio, menor será el apoyo a las fuertes políticas locales de cambio climático, lo que redundará en iniciativas públicas más débiles en este sector. Aquí nos apoyamos en la idea de que los ciudadanos con mayores rentas son también los “perdedores” de esta política y tenderán a movilizarse contra ellas; aquellos que soportan mayores costes tanto económicos (impuestos) como en forma de restricciones a sus tradicionales patrones de comportamiento y consumo (límite al uso de vehículos propios, de velocidad, de uso del agua).

Finalmente, hemos considerado el impacto de la continuidad política del gobierno municipal. Así, planteamos la hipótesis de que cuanto más largo sea el período en el cargo de alcalde, mejores serán las políticas locales de cambio climático. El tratamiento de problemas complejos como éste requiere un liderazgo político sostenido que posibilite una acción constante, avances incrementales, cambios en la cultura administrativa y tiempo para combatir las resistencias. Planteamos que los gobiernos que logran renovar mandato adquieren experiencia y pasan por procesos de aprendizaje institucional que los colocan en una mejor posición para diseñar e implementar eficazmente políticas de cambio climático.

Para comprobar las hipótesis presentadas hemos realizado un estudio estadístico utilizando modelos de Anova. A partir de este análisis solo hemos podido confirmar la primera de nuestras hipótesis. En efecto, la dimensión del municipio influye positivamente en la calidad de las políticas. A medida que aumenta el tamaño de población aumentan también las posibilidades de encontrar estrategias mejores y más ambiciosas, políticas climáticas más consistentes. Sin embargo, ni la ideología política del gobierno, ni el nivel de renta de los residentes, ni la continuidad gubernamental presentan relación alguna con el tipo – mejor o peor- de estrategia climática.

Estos hallazgos preliminares encierran un mensaje positivo, pues nos confirman que no existen obstáculos políticos o ciudadanos de partida a la expansión de políticas filo-climáticas. Éstas surgen iniciadas por gobiernos conservadores y progresistas, en territorios de rentas altas, medias o bajas y con equipos de gobierno experimentados y también con aquellos recién llegados a las alcaldías. Pero del análisis también se desprende otro mensaje más preocupante: las dificultades de los municipios de menor población para desarrollar acciones por el clima. Y téngase en cuenta que para este estudio solo hemos considerado a los municipios mayores de 20.000 habitantes. Esta cuestión adquiere especial trascendencia para un contexto de planta municipal como el español y deberá ser un tema a abordar por los actores que en nuestro sistema institucional están llamados a corregir y compensar las ineficiencias que resultan de la fragmentación municipal.

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