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Reflexiones sobre el futuro de los grupos de interés en las ciudades españolas (Iván Medina)

Reflexiones sobre el futuro de los grupos de interés en las ciudades españolas

Iván Medina

Universidad de Valencia

Logo Elecciones Locales 2015Existe una curiosa paradoja cuando nos referimos a la conexión entre las organizaciones representativas de intereses (o grupos de interés o asociaciones políticas) y el mundo local: aunque los fundamentos teóricos de la teoría de los grupos de interés provienen de estudios locales (por ejemplo, Dahl elaboró su idea de poliarquía en el marco de una investigación sobre New Haven en EEUU), es complicado referirse con meridiana claridad a cómo se organizan, se movilizan e influyen los intereses organizados en la política local. Al respecto, podríamos decir que esta dificultad responde a cuestiones numéricas (cada municipio plantea un patrón de gobernanza diferente), de ecología (el número y tipos de grupos es variable entre municipios), de estructura social y económica (cada municipio origina un cierto tipo de conflicto), de cultura política (la relevancia del asociacionismo es variable a lo largo del territorio) y de acción colectiva (en tanto que las fronteras entre partidos, grupos de interés y movimientos sociales no son tan evidentes a nivel local).

El propósito de este comentario no es resolver este puzzle teórico-conceptual; lo que pretendo aquí es apuntar una serie de preocupaciones acerca de cómo pueden llegar a evolucionar los grupos de intereses locales y cómo ello puede afectar al buen equilibrio democrático entre los diversos actores y formas de articulación de intereses.


Antes de desarrollar dichas preocupaciones, empiezo apuntando dos obviedades: la primera es que las asociaciones locales, que en muchas ocasiones reciben, en su conjunto, la etiqueta de “capital social” local, contribuyen notablemente al desarrollo social, político y cultural de las ciudades pues, más allá de ser un foco de desarrollo de participación ciudadana voluntaria, colaboran en el despliegue de un sinfín de actividades festivas, actos deportivos, así como en la gestión de servicios públicos (centros de mayores, centros de asistencia social y sanitaria, espacios de cultura, etc.). La segunda es que la historia nos dice que no existe una separación funcional entre asociaciones y partidos políticos a nivel local, entendiendo que las elites políticas locales circulan intensamente entre instituciones, partidos políticos y asociaciones locales como pasó durante la Transición con un buen porcentaje de candidaturas locales nutridas de activistas del movimiento asociativo vecinal.

Estas dos obviedades, junto con otras que no desarrollaré aquí, han desembocado en la configuración de una cultura asociativa local que, en muchas ocasiones, benefició la gobernabilidad partidista en detrimento de las propias asociaciones. El caso es que la intensa conexión entre partidos políticos y asociaciones ha funcionado positivamente, por permitir la apertura de “puntos de acceso” a las instituciones (el famoso “contacto”) y por la creación de capital político. Sin embargo, cuenta con un componente negativo al caer las asociaciones dentro de la lucha partidista constante. Es frecuente escuchar a los dirigentes políticos locales decir qué asociaciones les son amigas, así como a los líderes de asociaciones gusta presumir de sus contactos en la administración. Esto ha provocado que los sucesivos gobiernos desconfiaran de muchas iniciativas bienintencionadas de las asociaciones por ser próximas a tal partido, restringiéndoles el acceso a los recursos públicos.

En nuestros días, ¿cómo puede evolucionar el asociacionismo a nivel local? A mi juicio, el pronóstico es desalentador por una sencilla razón: está sucediendo simultáneamente el auge de formas de participación política no convencionales (manifestaciones, movilizaciones ciudadanas), la presidencialización de partidos políticos locales –con candidaturas que gravitan en torno a líderes mediáticos- y el descenso de la relevancia de grupos locales tradicionales como son las Cámaras de Comercio, que están instaladas en una profunda crisis tras la supresión del recurso cameral, las ONGs locales, que han visto reducidas las subvenciones y su participación en la gestión de servicios locales, y las asociaciones de vecinos, que escasamente cuentan con miembros que las impulsen cuando no se encuentran politizadas.

Para matizar algo más mi pronóstico, a continuación indico las cuatro funciones básicas de los grupos de interés local acompañadas de las tendencias actuales que las estarían erosionando:

Participación en la prestación de servicios públicos: de lo contrario, se observa la tendencia a la externalización de servicios públicos, limitando las posibilidades de las asociaciones y ONGs de gestionar servicios públicos y, por ende, su potencial supervivencia y profesionalización.
Participación en el diseño de las ciudades: de lo contrario, hay una tendencia a un modelo de desarrollo “empresarial” de las ciudades, privilegiando las alianzas con empresas mientras que las asociaciones pierden peso en la gobernanza local, que lleva a la organización de grandes proyectos o a la construcción de “catedrales en el desierto”.
Creación de un capital social cohesionado y permanente: de lo contrario, se tiende al asociacionismo reactivo o por consumo, como pueden ser los NIMBYs (movimientos No en mi patio trasero), en el que la creación de plataformas ciudadanas ad hoc no llega a consolidarse temporalmente o cuya posición en la gobernanza local es más bien periférica.
Creación de prácticas voluntarias de participación asociativa: de lo contrario, estamos ante el auge del “negocio de la protesta” (protest business) por parte de determinadas elites sociales que no encuentran espacio en partidos políticos -o que son promocionados por determinados partidos- que son portadoras de un notable capital político (experiencia, conocimiento, contacto, liderazgo).

En definitiva, los viejos debates acerca del equilibrio entre grupos empresariales y grupos voluntarios parecen estar obsoletos. Ahora aparecen nuevas preocupaciones que alertan de una posible marginación de las asociaciones en la gobernanza local. Como hemos apuntado, siempre de forma hipotética, tendremos que estar muy atentos a cómo evoluciona la forma de articular intereses a nivel local al ser testigos de una fuerte tensión entre corporaciones y asociaciones, una tensión entre la protesta política y el asociacionismo voluntario, así como una tensión entre la gestión comunitaria de servicios públicos y la externalización.

Dr. Iván Medina
Profesor Ayudante Doctor en Ciencia Política, Univeridad de Valencia
Miembro del proyecto LoGoRef

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