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Sistema electoral local: Do not fix what is not broken!

Cuando se habla del sistema electoral español, en general, lo más común en los últimos tiempos es decir que está obsoleto, que necesita una reforma en profundidad. Esto se dice, normalmente, con la mente puesta en las elecciones generales. Pero la afirmación se extiende de forma casi inconsciente también a las elecciones locales. Y sin embargo, los males que se identifican en el sistema electoral nacional no tienen correspondencia en régimen electoral local. Por eso, habría que aquilatar mucho los afanes reformistas en el ámbito electoral local. Aquí, como dice el dicho inglés: Do not fix what is not broken!

Se dice del régimen electoral para el Congreso de los Diputados, regulado en la LOREG de 1985, que es estructuralmente desigual(porque el voto en Teruel vale más que el voto en Madrid); que es desproporcional(porque algunos partidos tienen muchos más votos que escaños) y que premia el bipartidismo, porque los partidos emergentes necesitan un altísimo número de votos para romper el duopolio. Las causas de estos males a veces se imputan –equivocadamente- a la fórmula proporcional D´ Hondt. Otras veces, con mejor criterio, se imputan al tipo y númerod de las circunscripciones electorales (las provincias), a la atribución mínima de dos escaños por provincia y al bajo número de escaños totales en el Congreso. El argumento central sería que el alto número de circunscripciones electorales (50 provincias, más Ceuta y Melilla), sumado a que todas ellas eligen al menos dos diputados, premia la representación de las provincias menos pobladas. Además, como muchas de las provincias eligen pocos diputados (entre 3 y 5), en la práctica se dificulta que los partidos políticos medianos o emergentes entren al reparto de escaños. El mismo efecto tendría la barrera electoral mínima del 5 por 100 de votos válidos en cada circunscripción.

Pues bien, si estos son los males electorales nacionales (en el Congreso de los Diputados), no son extrapolables a las elecciones locales.

En las elecciones locales, donde se elige el pleno de cada ayuntamiento, la circunscripción electoral es única: todos los vecinos de un mismo municipio votan en una única circunscripción. Por tanto, no hay desviaciones representativas derivadas de un número alto de circunscripciones asimétricas. Además, el número de concejales por municipioes relativamente alto, sobre todo en los municipios pequeños. Piénsese que Canencia, con 448 habitantes tiene 7 concejales. Y al haber muchas concejalías para pocos habitantes, prácticamente no hay votos sin correspondencia en electos. La correspondencia no se da por igual en las ciudades grandes. Madrid, por ejemplo, tiene 57 concejales para una población de 3.221.824 habitantes. Es evidente que aquí la correlación entre concejal electo y votantes es mucho menor. Pero aun así, el número de concejales en lo suficientemente elevado como para que cualquier partido que supere la barrera mínima del 5 por 100 de los votos válidos emitidos alcance representación. Esa representación, además, será directamente proporcional al número de votos, cual es lo propio de la fórmula electoral D´Hondt. En suma: los reproches de desigualdad, desproporción y bipartidismo, que frecuentemente se hacen al sistema electoral nacional, no están presentes en el ámbito local (o lo están en mucha menor medida). Por eso, eventuales reformas del sistema electoral local habrían de tener otros ejes. Quizá: elección directa de alcalde, listas desbloqueadas, y elección directa en las juntas de distrito.

Una valoración diferenciada merece el régimen electoral provincial. Aquí, como es sabido, los diputados provinciales (integrantes del pleno de la Diputación provincial) se eligen indirectamentepor los concejales electos en cada partido judicial. No hay, por tanto, circunscripción electoral única (la provincia) sino tantas circunscripciones como partidos judicialeshabía en cada provincia en 1979. Por eso, por ejemplo, la provincia de Barcelona tiene 14 circunscripciones para la elección de 51 diputados provinciales, de entre los que han resultado elegidos como concejales de sus municipios. Como cada circunscripción (cada partido judicial) tiene siempre al menos 1 diputado provincial, y frecuentemente no más de 2 o 3, resulta que es poco lo que hay que repartir. Y con ellos los terceros y cuartos partidos en cada demarcación judicial no obtienen ningún diputado. Esto explica que, por ejemplo, en las elecciones electorales de 2015, en la circunscripción de Arenys de Mar(Barcelona), donde sólo se eligían dos diputados al pleno provincial, esos dos representantes se corresponden con las preferencias electorales de 32.355 vecinos. En cambio, otros 41.702 ciudadanos votaron a otras candidaturas sin correspondencia en escaños. En suma, aquí el sistema electoral, aunque formalmente proporcional, se comporta como un sistema mayoritario. La situación no es irrelevante. Con los datos de las elecciones locales de 2015, si Barcelona hubiera sido una circunscripción electoral única (en lugar de contener 14 circunscripciones) las candidaturas declaradamente independentistas no contarían con mayoría absoluta en el pleno de la Diputación (tendrían 23 diputados, en lugar de los 27 actuales). Y bueno, quienes conocen la historia contemporánea de Cataluña saben bien de la función de contrapeso político –frente a la Generalitat- que tradicionalmente ha desempeñado la muy bien financiada Diputación de Barcelona. Y quizá, sólo quizá, no estaríamos donde estamos.

 

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