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Los ayuntamientos ante la crisis del COVID: innovación y resiliencia

La crisis del COVID ha obligado a multiplicar las decisiones públicas que intentan paliar sus efectos en todos los ámbitos -sanitario, social y económico- y en todos los niveles de gobierno. Las rotativas (digitales) de los boletines oficiales están estas semanas a pleno rendimiento y no hay día en que no nos levantemos con una nueva medida o la revisión de una anterior.

Como es lógico en estos momentos de rapto centralizador, el foco de la atención pública y mediática se dirige al nivel central de gobierno, pero no podemos perder de vista la acción de los gobiernos locales. Los que seguimos sus actuaciones constatamos que están siendo particularmente activos en el despliegue de estrategias para hacer frente a la pandemia. Su acción posee diversidad y alcance y contempla desde ayudas sociales, bonificaciones fiscales, retraso o rebaja en el pago de tasas e impuestos hasta la actuación sobre el espacio público, pasando por las medidas de reactivación económica, la modificación de presupuestos, la provisión de equipos informáticos a las familias para reducir la brecha digital, la inversión en obras para dinamizar el empleo o el lanzamiento de premios a iniciativas emprendedoras en la lucha contra la crisis. Se combinan estrategias clásicas de políticas públicas con otras más innovadoras y la casuística es inagotable.

En un intento de agrupar todas estas acciones en categorías para poder avanzar un análisis, en la tabla de abajo nos servimos de la clásica tipología NATO (Hood, 1986) de instrumentos de políticas públicas para poder identificar las distintas modalidades de actuación. Esta tipología clasifica las técnicas de intervención pública en cuatro grandes categorías según el tipo de recurso gubernamental al que se recurre para la acción. Así, se distingue entre a) instrumentos basados en la activación de información para asistir, concienciar o exhortar  (Nodality),  b) instrumentos basados en la autoridad (Authority) que activan poderes legales para disciplinar conductas, c) instrumentos basados en la activación de recursos económicos a través de transferencias a ciudadanos o empresas o de éstos a las administraciones públicas  (subvenciones, bonificaciones fiscales, tasas, impuestos, etc.) (Treasure) y d) instrumentos basados en la organización (Organization). La tabla 1 recoge las medidas más típicas que se han adoptado para luchar contra la pandemia; no es una lista exhaustiva pero sí representativa de las estrategias municipales.

Fuente: elaboración propia

A partir de esta sencilla ordenación y a la espera de análisis más completos y sistemáticos, ya aparecen algunos rasgos interesantes que representan muy bien los activos de la acción municipal, a saber:

  1. Destaca la diversidad y riqueza de los instrumentos basados en la organización. Esta categoría engloba tanto los mecanismos de re-organización en el funcionamiento del gobierno y la administración como la propia provisión de servicios. A ambos han recurrido los ayuntamientos en este periodo, transitando desde el primer día hacia fórmulas del teletrabajo y reuniones telemáticas de los órganos municipales. Han sido también los primeros en reforzar sus alianzas con la sociedad civil y el tercer sector para llegar mejor a colectivos vulnerables y, sirviéndose de su experiencia previa en la interacción con la sociedad civil, han establecido foros, comisiones o grupos de trabajo para diseñar planes de recuperación. La variedad en esta categoría demuestra la eficiencia en la adaptación a nuevas circunstancias de las administraciones locales, de las que siempre se ha afirmado que disponen de mayor capacidad de innovación institucional que el resto de los niveles de gobierno.
  2. No sorprende -porque los ayuntamientos ya nos tienen acostumbrados a ello- observarlos actuar allí donde detectan las necesidades más acuciantes de su población. Las transferencias en forma de ayudas a colectivos vulnerables y a autónomos, bonificaciones fiscales, aplazamientos o exención de pagos de impuestos o tasas o los reajustes presupuestarios para paliar la emergencia social son todos ellos instrumentos que están siendo activados de forma generalizada. Su condición de administración más cercana al ciudadano y su conocimiento del territorio les permite identificar estas necesidades eficazmente y su estrecho contacto con la realidad social les impide ignorarlas, pese a que gran parte de esta acción se proyecta sobre campos (social, promoción económica) sobre los que los gobiernos locales no tienen competencias fuertes y blindadas.
  3. Y resulta lógico comprobar que la lista más corta de medidas se refiere a los instrumentos de autoridad. Este campo lo ha ocupado por completo el gobierno central a través de la declaración del estado de alarma y sus disposiciones de desarrollo. Las medidas aquí se limitan a pautar las condiciones de uso de los espacios públicos, particularmente en los entornos urbanos.

En suma, también en una crisis sin precedentes como la actual y pese a la reducción que experimentaron en su autonomía a comienzos de la década, los gobiernos municipales están haciendo lo que mejor saben hacer: adaptarse rápidamente a las circunstancias cambiantes sirviéndose de su conocimiento preciso del territorio (el fenómeno conocido como the genius of the place). Innovación y resiliencia, nada nuevo bajo el sol.

Carmen Navarro Gómez

Profesora del Departamento de Ciencia Política de la UAM

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