Especial Blog 40 años de Elecciones Municipales

Evolución y cambios de los municipios españoles (1979-2019)

El mapa municipal español ha crecido muy poco en los 40 años que median entre las primeras elecciones municipales de la etapa democrática tras la Dictadura y hoy; de 8.108 municipios de entonces se ha pasado a los 8.125 actuales, únicamente un 0,2%, aunque también es verdad que a mediados del siglo XX la planta municipal sobrepasaba por muy poco las 9.200 unidades que lo conformaban. Con todo, y tal y como se recoge en un reciente artículo publicado por el profesor Abel Albet, de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), España junto con Francia han sido los dos países europeos donde menor reducción de la planta municipal se ha producido desde mediados del pasado siglo hasta la actualidad. En términos de población, hoy el 61% de todos los municipios de España son inferiores a 1.000 habitantes y reúnen tan solo poco más de un 3% de toda la población del país. Frente a ellos, los de 10.000 a 100.000 habitantes (8,5% del total) y los de más de 100.000 (un 0,75%) concentran el 80% de toda la población española (el 40% cada uno de ellos). Los datos que proporciona el Informe elaborado en 2016 por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) reflejan muy significativamente el punto al que se ha llegado hoy en la evolución demográfica municipal en España de los últimos años. Según esta fuente, el 50% de los municipios está en riesgo más o menos severo de extinción a medio o largo plazo, enfrentándose a una realidad con tres frentes: la crisis demográfica en que está inserta España (y una parte de Europa también), la situación cada vez más crítica de las provincias más azotadas por la despoblación desde hace décadas y la situación tan preocupante de las áreas rurales. Y en este mismo informe se subraya, al mismo tiempo, el marcado “minifundismo demográfico” de los municipios españoles, donde en 14 provincias (de ambas Castillas y Aragón) más del 80% de todos sus municipios no pasan de 1.000 habitantes, lo que se refuerza con el hecho de que, además, en España entre el año 2000 y el 2016 creció un 38% el número de municipios de menos de 100 habitantes.

Entre 1981 y 2011 se produjo una evolución demográfica municipal espacialmente desigual. Perdió peso la población concentrada en los municipios de menos de 10.000 habitantes (especialmente los de menos de 1.000) y aumentó sobre todo la que albergan los de 10.000 a 50.000 (el vaciamiento progresivo va afectando a las áreas más rurales y zonas de menor peso, mientras que las capitales provinciales y ciudades medias y pequeñas o cabeceras comarcales retuvieron aún población), pues los de más de 100.000 habitantes no varían mucho en esos 30 años. En el decenio de los años 80 el mapa del crecimiento demográfico municipal de España arrojó tasas de crecimiento positivas (nunca superiores al 5%) en la Depresión Bética (Valle del Guadalquivir) y del suroeste atlántico andaluz, el litoral mediterráneo andaluz, los municipios de la fachada este de España, la mayor parte de los de la Comunidad de Madrid, los archipiélagos y algunos del Eje del Ebro; también se unieron a ellos algunos de la Submeseta sur (Vegas bajas del Guadiana, algunos de Toledo y de Ciudad Real). El resto de los municipios españoles experimentó un decrecimiento generalizado. En el decenio de los 90 se mantuvo la misma pauta sociodemográfica territorial, pero se incorporaron a los municipios con crecimiento positivo bastantes de Cataluña, varios más en el Eje del Ebro (parte alavesa) y algunos del eje diagonal de Castilla y León (Burgos, Valladolid y Salamanca). Se generalizaron estas pautas y tendencias entre 2000 y 2011, aumentándose y reforzándose puntualmente algo más.

A partir de 2011 y hasta hoy se produjo un cambio drástico y una contracción del mapa del crecimiento, siendo pocos los municipios que aumentaron su población (el impacto de la crisis de 2008 se dejó sentir, pues además parte del crecimiento demográfico de años anteriores había respondido a la progresiva llegada de población extranjera, mucha de la cual retornó a sus países desde 2011). A partir de esa fecha serán los municipios en torno a la Cordillera Ibérica (de Guadalajara, Cuenca, Soria y Teruel) los que más pierdan, con tasas de -10% de crecimiento. También de Asturias, del oeste de Castilla y León, de Toledo, Ciudad Real y Jaén, casi todos los de Castellón, Huesca y gran parte de los de Zaragoza e incluso municipios de los archipiélagos (antes “ganadores” de población). Y esas tendencias de crecimiento demográfico se han traducido también en un mapa municipal de densidad de población que de 1981 a 2016 ha ido reforzando la concentración geográfica de la población (más de 75 hab/km² y hasta más de 100 en bastantes casos) en todos los municipios litorales (con una continuidad especialmente más significativa en los de la fachada este y con discontinuidades en parte del noroeste gallego y en los que limitan entre Cataluña y la Comunidad Valenciana), en los insulares, en Madrid y parte de los municipios limítrofes de Toledo, en el noroeste y centro del Eje del Ebro, en el Valle del Guadalquivir incluyendo el suroeste andaluz y en las Vegas Bajas del Guadiana y centro de Extremadura. Otro de los elementos de cambio en estos 40 años en los municipios españoles es la presencia de población extranjeraen ellos, en consonancia con los datos generales de toda España (representaba el 1,6% de la población española en 1998, el 3,3% en 2001, el 12,2% en 2011 y bajó al 9,9% en 2016). En los años 90 eran muy pocos los municipios con un importante volumen de población extranjera, tan solo los de las islas, los del litoral de Gerona y del tramo costero Alicante-Málaga, alguno del valenciano, alguno de Madrid y los municipios mineros de Montes de León y Laciana. Hoy el mapa municipal español dibuja dos Españas de desigual presencia de inmigrantes diferenciadas a partir de un eje norte-sur algo “sui generis”, al este del cual se encuentran los municipios que más concentran, con porcentajes de hasta el 12% en algunos casos. Y ha cambiado también, dentro de esta evolución sociodemográfica de los últimos 40 años, la estructura de la población municipal, haciéndose cada vez más envejecidaporque también ha ido aumentado en estos 40 años la esperanza de vida y mejorando las condiciones para ello. Los municipios menos envejecidos son los del suroeste andaluz, los de los archipiélagos (especialmente en canarias), los de la Comunidad de Madrid, los de Barcelona y los de Murcia. Por el contrario, los de Galicia, Asturias, Castilla y León, los del entorno de la Cordillera Ibérica, algunos subpirenaicos y del interior de la Comunidad Valenciana, así como otros de la provincia de Cáceres y de Toledo son los de mayor envejecimiento y hasta sobreenvejecimiento (por encima de los 80 y de los 90 años).

Junto a todos estos fenómenos, la evolución del mapa municipal de España en este período 1979-2019 nos deja también procesos transformadores muy significativos y de envergadura. Por ejemplo, el intenso crecimiento de las zonas periurbanas, un incremento del crecimiento demográfico y residencial en los municipios dispuestos en distintos círculos desigualmente concéntricos y distantes de la ciudad principal hacia las periferias, que alimentaron la burbuja inmobiliaria que estalló posteriormente con la crisis de 2008. Muchos de esos municipios que integraron ese fuerte proceso de periurbanización, que en las zonas más densas y pobladas dio lugar a una intensa metropolitanización, albergan hoy en su suelo una parte importante de los que se han dado en llamar “cadáveres inmobiliarios” que han quedado abandonados por mor de la especulación desmedida. Ahí sí se ha experimentado una transformación a escala municipal muy fuerte entre la situación al inicio de la democracia y la situación actual. La periurbanización de ciudades medias y hasta pequeñas, conviviendo con la intensa y abigarrada metropolitanización de las capitales más grandes y dinámicas, han transformado radicalmente el paisaje municipal en el entorno de estas áreas. El crecimiento residencial (segunda vivienda) y el aumento de la congestión y de los problemas de accesibilidad y movilidad dibujan hoy unos subconjuntos municipales en los bordes de las zonas urbanas muy diferentes a los de la nítida y más clara separación campo-ciudad que existían a finales de los años 70. Y en esa transformación, también la dinámica y la estructura demográfica de estos municipios periurbanos y perimetropolitanos ha sido un elemento de distinción, con un rejuvenecimiento mayor de la población, pues hacia estas zonas es hacia donde se dirigió a vivir mucha población joven aprovechando condiciones más óptimas del mercado de la vivienda.

 

Juan Ignacio Plaza Gutiérrez

Departamento de Geografía

Universidad de Salamanca

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